Memoria del Primer Congreso Internacional de Comunicación y Transformación Digital
Participar en el Primer Congreso Internacional de Comunicación y Transformación Digital fue una experiencia profundamente enriquecedora. A lo largo de las distintas conferencias, pude comprender cómo la comunicación actual se encuentra en una etapa de cambio constante, impulsada por la tecnología, la inteligencia artificial y las nuevas formas de interacción entre personas, marcas y audiencias.
Más allá de las herramientas digitales, este congreso me permitió reflexionar sobre el papel humano dentro de estos procesos: cómo los líderes, los comunicadores y los creadores de contenido pueden mantener su autenticidad y sensibilidad en un entorno cada vez más automatizado. Cada ponente aportó una mirada distinta, pero todos coincidieron en algo fundamental: la comunicación sigue siendo un arte profundamente humano, incluso en tiempos digitales.
La primera conferencia, titulada “El liderazgo que conecta: la estrategia secreta para potenciar tu comunicación interna”, destacó la importancia de la comunicación como base de todo liderazgo efectivo. Me impactó la frase de Jaime Hudge: “El arte de la comunicación es el lenguaje del liderazgo.” Aprendí que los líderes no nacen, se construyen, y que su mayor herramienta no es la autoridad, sino la capacidad de escuchar, inspirar y conectar.En la tercera conferencia conocí el concepto de “cointeligencia”, entendido como la unión entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial. Me pareció fascinante la idea de que la IA puede generar contenido, pero el ser humano debe aportar el toque creativo, ético y emocional que ninguna máquina puede replicar. Se mencionó el caso de la novela “Iris”, coescrita con IA, y la aparición de la actriz virtual Tily Norwood, lo que plantea nuevas preguntas sobre autoría y autenticidad en las industrias creativas.
El expositor también habló de los retos éticos de la IA, como la pérdida de sensibilidad humana, los deepfakes y la desinformación. Me llamó la atención el caso de una empresa española que reemplazó a su personal por IA para traducir noticias, pero fracasó porque los resultados carecían de calidad y contexto. Este ejemplo me reafirmó que la tecnología no sustituye la mirada crítica ni el criterio humano.
Finalmente, la conferencia de Carlo Merlo, titulada “Conversación artificial: fundamentos teóricos, aplicaciones estratégicas y perspectivas éticas de la comunicación digital”, cerró el congreso con un enfoque muy realista. Merlo habló sobre desinformación, información errónea y huellas criptográficas, y destacó la importancia de verificar el contenido desde su origen, no solo al final del proceso. Su frase —“Verificar desde que se crea el contenido, no solo al final”— se me quedó grabada, porque resume la responsabilidad que tenemos los comunicadores frente a la verdad digital.
Reflexioné sobre cómo, en la era de los deepfakes y la inteligencia artificial generativa, la ética se convierte en nuestra brújula. En la narrativa transmedia, esto significa construir historias auténticas y transparentes que refuercen la confianza del público. También me sorprendió conocer que, en el periodismo actual, la IA participa en un 75% en la recopilación de noticias, 90% en la producción y 80% en la distribución. Sin embargo, el factor humano sigue siendo indispensable para garantizar precisión, empatía y responsabilidad social.
El Primer Congreso Internacional de Comunicación y Transformación Digital me dejó una visión integral sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta la comunicación contemporánea. Comprendí que estamos en un punto de encuentro entre lo humano y lo tecnológico, donde la clave no está en elegir entre uno u otro, sino en aprender a coexistir y complementarse.
Cada conferencia me aportó una lección distinta: la primera me recordó que liderar es conectar; la segunda, que los negocios deben adaptarse a los cambios del consumidor; la tercera, que la cointeligencia puede potenciar la creatividad sin perder el sentido humano; y la última, que la veracidad y la ética son pilares fundamentales en la era digital.
Como futura comunicadora, me llevo la convicción de que la tecnología no reemplaza el pensamiento crítico ni la sensibilidad, sino que nos reta a ser más conscientes, creativos y responsables. Este congreso no solo amplió mis conocimientos, sino que también reforzó mi compromiso con una comunicación más humana, transparente y adaptada a los tiempos que vivimos.
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